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Melbourne baja del infierno y sube el volumen: Sabalenka y Rybakina, ante dos rivales que no vienen a mirar.

  • Foto del escritor: Decano Apuestas
    Decano Apuestas
  • hace 20 horas
  • 3 Min. de lectura

El Open de Australia llega a su punto de ebullición justo cuando el termómetro, por fin, decide aflojar. Después de días de calor extremo y protocolos, el pronóstico abre una ventana más humana para las semifinales femeninas: Sabalenka contra Svitolina, y Rybakina frente a Pegula. Dos favoritas por potencia, dos aspirantes por forma. Y una pregunta: ¿hay forma para que el guion no sea el de siempre?


La primera semifinal es el choque entre la sensación de inevitabilidad y el estado de gracia. Aryna Sabalenka no solo ganó su cuartos: lo convirtió en un trámite con números de campeona que no se inmuta. Contra Iva Jovic firmó una hoja de estadísticas que suena a martillo neumático: 31 golpes ganadores, 7 aces y, sobre todo, la sensación de que cada punto importante tenía dueño antes de empezar. Salvó todas las bolas de break que concedió y cerró el partido sin permitir que la duda se instalara en Rod Laver Arena.


Pero enfrente no está una joven promesa. Elina Svitolina llega “imponente” porque no está ganando: está dominando. Su 6-1, 6-2 a Coco Gauff fue una lección de control, de dirección y de colmillo competitivo. La cifra que delata el partido es cruel: Gauff apenas produjo tres winners y se ahogó en errores. No es solo que Svitolina esté sólida; es que está forzando a rivales top a jugar incómodas, tarde y desde muy atrás. Y todo ello con el viento a favor de su propio relato: parón mental a finales de 2025, reset, y arranque de 2026 perfecto, con título incluido en Auckland.


Entonces, ¿puede “hacerle algo” a Sabalenka? Sí, pero con condiciones. El cara a cara no acompaña y el mercado tampoco: Sabalenka sale con cuota de favorita extrema.  La ruta para Svitolina no pasa por intercambiar puñetazos, sino por quitarle tiempo sin regalar corto, por alargar los puntos a ese tramo donde la potencia necesita precisión extra. Si consigue que Sabalenka tenga que ganar el punto dos veces —primero con el golpe, luego con la paciencia— aparece la opción de un set. Si no, el partido puede romperse con dos juegos malos seguidos, que es el deporte favorito de las grandes pegadoras cuando huelen sangre.


La segunda semifinal es otra película: Elena Rybakina contra Jessica Pegula, potencia quirúrgica contra metrónomo competitivo. Rybakina llega de desmontar a Iga Swiatek con un dato que asusta: 11 aces y 26 winners. Cuando su saque entra, el resto del punto se vuelve un trámite: primer golpe profundo, segundo golpe a la línea, y a correr.  Pegula, en cambio, está viviendo el alivio de quien por fin cruza la puerta que llevaba años empujando. Ganó a Anisimova en dos sets, sí, pero sobre todo sobrevivió al momento en el que el partido quiso girarse. Mantuvo el plan: no acelerar de más, no regalar, esperar el error ajeno. Y el error llegó en avalancha: Anisimova se fue a 44 no forzados.


Aquí el factor clima puede ser decisivo. Con un jueves alrededor de 26ºC, el partido no debería convertirse en una prueba de resistencia como los días más salvajes, pero sigue siendo Melbourne: calor, bote vivo y posibilidad de techo si la sesión lo requiere.  En un entorno estable, Rybakina suele agradecer la repetición mecánica del saque. Pegula necesita lo contrario: meter muchas pelotas en juego, ensuciar el partido, forzar segundos saques y convertirlo en un duelo de 25 tiros que no sale en los highlights.

Las favoritas lo son por algo: una por apisonadora, la otra por bisturí con motor. Pero Svitolina y Pegula llegan con la clase de forma que incomoda incluso a las campeonas. Si el Open de Australia baja del infierno meteorológico, sube el volumen táctico: menos supervivencia, más ajedrez a palos. Y ahí, en el tenis, siempre hay espacio para que un set, un tie-break o dos restos bien clavados cambien la historia.


Recomendación: Svitolina gana un set; Rybakina–Pegula partido largo (+juegos).



 
 
 

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